{"id":642,"date":"2020-07-03T12:00:00","date_gmt":"2020-07-03T10:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/?p=642"},"modified":"2020-07-03T12:00:45","modified_gmt":"2020-07-03T10:00:45","slug":"posconflicto-y-narrativas-del-terror-en-el-pacifico-colombiano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/posconflicto-y-narrativas-del-terror-en-el-pacifico-colombiano\/","title":{"rendered":"&#8222;Posconflicto&#8220; y narrativas del terror en el Pac\u00edfico colombiano"},"content":{"rendered":"\n<p><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"has-text-align-right wp-block-heading\">Por: Felipe Fern\u00e1ndez (PhD Candidate &#8211; IRTG &#8222;Temporalities of Future in Latin America&#8220;)<\/h3>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"768\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/files\/2020\/06\/BuenaventuraFELIPE-1-768x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-644\" srcset=\"https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/files\/2020\/06\/BuenaventuraFELIPE-1-768x1024.jpeg 768w, https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/files\/2020\/06\/BuenaventuraFELIPE-1-225x300.jpeg 225w, https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/files\/2020\/06\/BuenaventuraFELIPE-1-1152x1536.jpeg 1152w, https:\/\/blogs.fu-berlin.de\/kolblog\/files\/2020\/06\/BuenaventuraFELIPE-1.jpeg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 709px) 85vw, (max-width: 909px) 67vw, (max-width: 984px) 61vw, (max-width: 1362px) 45vw, 600px\" \/><figcaption>Buenaventura, Colombia, febrero de 2020, \u00a9 Felipe Fern\u00e1ndez<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En 2013, el Centro Nacional de Memoria Hist\u00f3rica (CNMH) public\u00f3 un estudio titulado <a href=\"http:\/\/www.centrodememoriahistorica.gov.co\/micrositios\/buenaventura\/\"><em>Buenaventura. Un puerto sin comunidad<\/em><\/a>. Lo le\u00ed por primera vez en 2015, mientras escrib\u00eda mi tesis de maestr\u00eda sobre la presencia (tambi\u00e9n violenta) del estado colombiano en esta regi\u00f3n del pa\u00eds. Unos meses antes, hab\u00eda permanecido por varias semanas en un peque\u00f1o pueblo, a las orillas de un r\u00edo, a pocos kil\u00f3metros del casco urbano del municipio de Buenaventura. En este pueblo, que mantendr\u00e9 an\u00f3nimo (pero que hubiera podido ser cualquier otro, teniendo en cuenta esa macabra simetr\u00eda entre los r\u00edos y el terror) tuvieron lugar, a principios de los a\u00f1os 2000, dos masacres perpetradas por el terror\u00edfico h\u00edbrido (para)estatal de las Fuerzas Militares y las Autodefensas Unidas de Colombia. De vuelta en Berl\u00edn, y con un peque\u00f1o archivo de mi material emp\u00edrico \u2013 un diario de campo, entrevistas y algunas fotograf\u00edas \u2013 me dediqu\u00e9 a buscar en esta publicaci\u00f3n del CNMH, as\u00ed como en algunos peri\u00f3dicos, la historia (o las historias), el contexto, y <em>el sentido<\/em> mismo de las masacres. Logr\u00e9 reconstruir parte de los hechos; logr\u00e9 identificar a los actores y conocer sus trayectorias, los motivos, y llegu\u00e9 a descubrir una minuciosa cronolog\u00eda de las masacres que un jefe paramilitar revel\u00f3 durante una audiencia judicial. Nada de esto se contradec\u00eda con mi material emp\u00edrico. Y podr\u00eda asegurar que lo complementaba. Me sent\u00eda entonces en la capacidad de escribir un cap\u00edtulo completo de mi tesis (un poco m\u00e1s de treinta p\u00e1ginas) sobre algo que denomin\u00e9 la <em>necropol\u00edtica<\/em> del Estado en Colombia <a href=\"https:\/\/www.dukeupress.edu\/necropolitics\">(Mbembe 2019)<\/a>. Y as\u00ed lo hice. Para este, mi estudio de caso, cre\u00ed haber logrado desenmara\u00f1ar un fen\u00f3meno recurrente, omnipresente y oblicuo en la historia de Colombia: el conflicto armado.<\/p>\n\n\n\n<p>A Buenaventura regres\u00e9 en 2018. Ya no a un pueblo a las orillas de un r\u00edo, sino a su casco urbano. Una ciudad hostil, impregnada por el olor y el color de la pobreza, un endeble enclave urbano en la vasta y biodiversa regi\u00f3n del Pac\u00edfico, un lugar sin magia y sin r\u00edos, un lugar, podr\u00eda decir, poco antropol\u00f3gico. Esta vez llevar\u00eda a cabo una investigaci\u00f3n sobre la muy precaria infraestructura urbana para la provisi\u00f3n de agua. Entre oficinas gubernamentales, barrios marginales y restaurantes de la ciudad, estuve entrevistando y hablando con pol\u00edticos locales, ingenieros y gente del com\u00fan. Era una observaci\u00f3n densa, de una simultaneidad urbana de olores, sonidos, voces, formas y noticias. Tambi\u00e9n de algunos rumores, pero casi de un solo color: el gris continuo. Viv\u00eda en un barrio pobre a donde llegu\u00e9 por coincidencia. En medio de toda esa urbe que se me hac\u00eda incontenible, Gamboa era mi <em>fieldsite<\/em>. All\u00ed, entabl\u00e9 una amistad con la due\u00f1a de la ferreter\u00eda y sus ayudantes \u2013 la ferreter\u00eda era un lugar muy interesante para mi investigaci\u00f3n. Mi prop\u00f3sito era investigar sobre las reparaciones improvisadas al sistema de acueducto, sobre las conexiones \u201cilegales\u201d, la (ir)regularidad y el cobro del servicio de agua. Estos eran (o son) temas que preocupaban a los habitantes de la ciudad, temas de los que se escuchaba tambi\u00e9n en la radio, o se le\u00eda en los peri\u00f3dicos. La antropolog\u00eda norteamericana lo denomina el <em><a href=\"https:\/\/www.dukeupress.edu\/hydraulic-city\">Hydraulich Publics (Anand 2017)<\/a><\/em>. Y ah\u00ed estaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero siempre hay otras historias que contar, y otras historias que escuchar. Y en Buenaventura hablan con frecuencia de robos, asesinatos, extorsiones, desapariciones, y fosas comunes. Un repertorio similar al que me hab\u00eda encontrado hace algunos a\u00f1os, en Berl\u00edn, leyendo el estudio sobre Buenaventura del CNMH. En su intento por dotar de sentido a la violencia en este municipio, el CNMH hace un recuento y una anatom\u00eda de los actores y sus intereses, basado en \u201ctestimonios de la comunidad\u201d, investigaciones sociales alrededor de la violencia y fuentes oficiales del aparato jur\u00eddico. Es quiz\u00e1 el deseo mismo de una sociedad del posconflicto por forjar la subjetividad de las v\u00edctimas, performatizar (y hacer p\u00fablicos) los juicios de los victimarios &#8211; que pareciesen ser una suerte de aliados en un trabajo de reconciliaci\u00f3n \u2013 y cimentar la tr\u00edada de la <em>verdad, justicia y reparaci\u00f3n<\/em>. La constituci\u00f3n de sociedades del posconflicto parece responder a dise\u00f1os globales de gobernanza que se reciclan y actualizan en cada experiencia: Argentina, Chile, Sud\u00e1frica, Ruanda, Colombia. Es una agenda en la que inciden diversas organizaciones supranacionales como la ONU o las cortes internacionales, y tambi\u00e9n algunos pa\u00edses del Norte. De ah\u00ed vienen las diferentes instituciones y museos para la memoria, las experiencias de legislaciones especiales para la paz, las ayudas econ\u00f3micas. Es un <em>toolkit<\/em> tecnocr\u00e1tico para aquello que se desea como una transici\u00f3n: de la guerra, a la paz. Ah\u00ed entra la forma de narrar la violencia en Buenaventura por parte del CNHM, que es una instituci\u00f3n insignia de la maquinaria del posconflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando la due\u00f1a de la ferreter\u00eda me cont\u00f3 un d\u00eda que a Jerem\u00edas el cerrajero lo hab\u00edan desmembrado \u201caqu\u00ed nom\u00e1s\u201d porque se hab\u00eda metido a una fiesta del \u201cduro\u201d, y que la cosa se empezaba a poner \u201cpesada\u201d porque las \u201cpinticas\u201d andaban ya \u201calborotadas\u201d, no ten\u00eda yo acceso al estudio del CNMH. En este, habr\u00eda indagado un poco m\u00e1s sobre los actores para identificarlos, sobre el \u201cduro\u201d, que seg\u00fan me dijeron no vive en Buenaventura, sino \u201cpor fuera\u201d, pero que organiza fiestas all\u00ed. <em>\u00bfA qu\u00e9 grupo armado ilegal pertenece? \u00bfQu\u00e9 intereses representa?<\/em> Dicen tambi\u00e9n que algunos j\u00f3venes \u201cpintica\u201d (el termino denomina a algunos peque\u00f1os criminales de los barrios marginales de la ciudad) act\u00faan de forma independiente, evocando a un jefe ausente que en realidad no existe y en el nombre del cual delinquen. Hasta ah\u00ed, como con mi investigaci\u00f3n de maestr\u00eda, habr\u00eda pensado que escribir sobre la violencia ser\u00eda quiz\u00e1 lograr combinar este lenguaje y estas versiones \u201cde abajo\u201d, con los contornos que logra trazar un estudio como aquel del CNMH.<\/p>\n\n\n\n<p>Un d\u00eda me levant\u00e9 y el barrio estaba militarizado. Soldados de la Armada Nacional habr\u00edan llegado en busca de algunos \u201cdelincuentes\u201d, seg\u00fan me contaron. Yo estaba experimentando por primera vez de cerca, con temor y algo de fascinaci\u00f3n, esa violencia sobre la que tanto hab\u00eda le\u00eddo, y de la que tantas historias hab\u00eda escuchado. Sent\u00ed all\u00ed como ajeno el intento de comprender la violencia como respuesta a una alianza de intereses criminales, a la desigualdad social y racial, o un car\u00e1cter innato del estado moderno &#8211; la necropol\u00edtica y el monopolio de la violencia. Tuve una sensaci\u00f3n casi corp\u00f3rea de la violencia como un fen\u00f3meno imbuido de confusiones, irracionalidades, transgresiones, rumores, coyunturas abiertas, dolor, erotismo y terror.<a href=\"#i\"><sup><u><sup>[i]<\/sup><\/u><\/sup><\/a> Una matriz de afectos, algo con menos forma, menos inteligible para los dise\u00f1os de la gobernanza y el lenguaje de las ciencias pol\u00edticas. Mientras los soldados rodeaban la ferreter\u00eda, no me preocupaba ya el batall\u00f3n al que pertenec\u00edan; me llamaban la atenci\u00f3n su acento de la costa norte colombiana, las cosas que com\u00edan, los chistes que contaban. Esto escrib\u00ed en mi diario de campo: \u201cLos soldados se re\u00edan y hac\u00edan chistes. Yo ve\u00eda ese entorno pobre del barrio, de casas incompletas y materiales desperdigados por el suelo, que tanto contrasta con la presencia de uniformes pulcros y especiales de los hombres del Estado con sus armas. Los militares deten\u00edan a algunos mototaxis y los requisaban. Todos eran (o \u00e9ramos) sospechosos. Por momentos, los soldados se formaban en un c\u00edrculo y hac\u00edan chistes comiendo papitas de paquete que compraban en la tienda. Yo los observaba. Despu\u00e9s de algunas horas, salieron a patrullar en busca de <em>sus<\/em> delincuentes. Se fueron todos en una camioneta de plat\u00f3n, sentados en una banca. M\u00e1s tarde regresaron. De pronto, unos hombres vestidos de civil llegaron en una camioneta Toyota Prado y conversaron con los soldados &#8211; seg\u00fan uno de mis amigos all\u00ed, estos eran hombres de la inteligencia (yo sent\u00ed a\u00fan m\u00e1s miedo por la sorpresiva presencia de estas personas). M\u00e1s tarde, los militares salieron nuevamente en busca de los criminales. Despu\u00e9s alguien dijo haber escuchado disparos. Todos miraban hacia las casas del barrio que se desprenden en filas uniformes y se pueden divisar desde la ferreter\u00eda, ubicada sobre una peque\u00f1a colina. Una mujer dijo que un \u2018bandido\u2019 se estaba escondiendo en su casa. Despu\u00e9s alguien dijo que hab\u00eda cinco de ellos escondidos en una casa y que los militares se refer\u00edan a ellos como <em>cucarachas<\/em>.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Los diferentes registros en los que se pretende dotar de sentido a los fen\u00f3menos de violencia no pueden detenerse en la l\u00f3gica que proveen los lenguajes institucionales para el reconocimiento de actores y racionalidades, de estructuras, intereses y est\u00e1ticos contornos. Tambi\u00e9n deben viajar por el lenguaje visceral de \u201cla calle\u201d, comprender los espacios de confusi\u00f3n y banalidad, indagar en las grietas temporales de lo imprevisible, los secretos y abismos que se abren en el momento justo en que irrumpe la violencia, cuando al barrio llegan algunos hombres armados. La etnograf\u00eda del terror es un punto de entrada a estos registros.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\" \/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ednref1\"><sup>[i]<\/sup><\/a> Un ejemplo emblem\u00e1tico de estas formas de estudiar la violencia es la etnograf\u00eda de Michael Taussig <em>Law in Lawless Land. Diary of Limpieza in Colombia<\/em>, donde este cuenta, de primera mano, y como testigo, la cotidianidad de la violencia en un pueblo al suroccidente del pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Anand, Akhil: Hydraulic City: Water and the Infrastructures of Citizenship in Mumbai.&nbsp; Durham: Duke University Press, 2017.<\/p>\n\n\n\n<p>Mbembe, Achille: Necropolitics. Durham: Duke University Press, 2019.<\/p>\n\n\n\n<p>Taussig, Michael: Law in Lawless Land. Diary of Limpieza in Colombia. Chicago: Chicago University Press, 2003.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Felipe Fern\u00e1ndez (PhD Candidate &#8211; IRTG &#8222;Temporalities of Future in Latin America&#8220;) En 2013, el Centro Nacional de Memoria Hist\u00f3rica (CNMH) public\u00f3 un estudio titulado Buenaventura. Un puerto sin comunidad. 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