
Los feminicidios son asesinatos de mujeres por el simple hecho de ser mujeres. Con la traducción del relato mexicano Soñarán en el jardín, un colectivo estudiantil de traducción logró darle mayor visibilidad a este tema, especialmente en el ámbito germanohablante. En 2025, el colectivo recibió el Premio Margherita von Brentano por este destacado compromiso. La siguiente entrevista ofrece una mirada al apasionante proceso de creación, así como a los desafíos que implica abordar este doloroso tema.
En el semestre de verano de 2024, un grupo de estudiantes tradujo al alemán el relato Soñaran en el jardín de la escritora mexicana Gabriela Damián Miravete. Lo hicieron en el marco de un seminario titulado «Un monumento literario para los feminicidios» del Instituto de Filología Románica de la Freie Universität de Berlín. El relato aborda el arraigo estructural de la violencia patriarcal. Al mismo tiempo, como obra de ciencia ficción, se sitúa en un México del futuro en el que ya no existen los feminicidios. De ese trabajo de traducción surgió un libro publicado, que se presentó en dos lanzamientos en Berlín y Viena. En 2025, el colectivo estudiantil de traducción recibió el Premio Margherita von Brentano por su extraordinario compromiso y su manera innovadora de trabajar el tema. En la entrevista con la docente del seminario, Manuela Barney Seidel, y las estudiantes Catharina Deege y Carla Wendte, conocemos lo exigente y la vez enriquecedor que puede ser traducir en colectivo. También cuentan cómo la reflexión conjunta sobre los feminicidios como problema estructural transformó su propia mirada. La entrevista muestra, además, el potencial de los formatos de seminario que apuestan a la participación activa del estudiantado y a una colaboración en condiciones de igualdad.
Felicidades a todas por este premio tan merecido y muchas gracias por estar dispuestas a compartir aquí sus experiencias. Lo que más nos interesa desde la «Toolbox Género y Diversidad en la Docencia» es cómo manejaron un tema tan sensible en el contexto del seminario. Hablar de feminicidios es doloroso y conmovedor. Todas las personas percibidas como mujeres están afectadas de alguna manera por la violencia sexualizada, así que esto también aplica para las participantes del seminario. Algunas, incluso, pueden llegar a estar traumatizadas. Manuela, ¿qué dificultades anticipaste tú como docente y cómo fue al final la práctica? ¿Qué retos se les presentaron en el seminario y cómo los enfrentaron como grupo?
Manuela: De hecho, fue el primer seminario para el que elaboré un código de conducta. Era un seminario intensivo de cuatro horas, más bien como un taller, en el cual nos reuníamos cada dos semanas durante todo el semestre. Dedicamos todo el primer bloque de cuatro horas a conocernos: ¿Por qué están aquí? ¿Qué es lo que más les interesa? Ahí ya surgieron muchas experiencias personales y distintas maneras de acercarse al feminismo. Luego leímos juntas el código de conducta y decidimos hacer siempre un «check-in» al principio de cada sesión. Es decir, abrir un espacio en el que también pudiéramos hablar de temas personales: por ejemplo, cómo me sentí al leer el texto, pero también cómo me afectan las noticias públicas sobre feminicidios o la violencia de género. Recuerdo que a finales de junio de 2024 hubo tres feminicidios en Berlín en una sola semana. El «check-in» nos permitió hablar de eso. En el código de conducta también acordamos algunas premisas, por ejemplo, no reproducir ciertos términos que minimizan y simplifican el problema, sino que hablamos de femicidio, feminicidio o femigenocidio, términos que no ocultan la dimensión estructural. También quedamos en cuidar que todas dejen hablar a las otras, para que puedan terminar su pensamiento, y en respetar otras opiniones.
«Fue esencial saber que todas las emociones están bienvenidas, es decir, que están a salvo en este espacio».
Catharina y Carla, ¿cómo les ha ido al abordar el tema del seminario? ¿Qué necesitaron para sentirse seguras? ¿Cómo creen que se sintieron las demás participantes?
Catharina: Fue esencial saber que todas las emociones están bienvenidas, es decir, que están a salvo en este espacio o que, si lo necesitábamos, también podíamos salir.
Carla: Saber que estaba ese apoyo hizo que una ni siquiera tuviera la sensación de tal vez caer. A mí me ayudó mucho que vos, Manuela, empezabas cuando hacíamos el «check-in». Cuando la vulnerabilidad viene de parte de la persona docente, es más fácil mostrarse vulnerable también como estudiante.
Manuela: Para mí también era importante decir que, en principio, la violencia contra las mujeres afecta a todas las personas percibidas como mujeres, y yo me incluyo ahí. Sin embargo, yo no soy experta en feminicidios. Por eso invité a especialistas que compartieron su conocimiento y aportaron sus puntos de vista. Así, fuimos acercándonos al tema juntas. Yo me encargué de la parte organizativa, pero por lo demás me consideré más bien como parte del colectivo.
¿Cómo surgió la idea para este seminario?

Manuela: La idea de traducir Soñarán en el jardín de manera colectiva y así hacerlo accesible también para un público alemán fue inicialmente de las estudiantes Camila Navas López y Julia Graninger. Pero para hacerlo necesitaban recursos y, por eso, a alguien vinculado laboralmente con la FU que pudiera solicitar financiamiento. Por motivos de tiempo, se me ocurrió realizar la traducción en el marco de uno de mis seminarios. También influyó que, cuando yo era estudiante, participé en la publicación colectiva de un libro dentro de un seminario y fue una experiencia profundamente enriquecedora.
El seminario no solo era exigente en cuanto a la temática, sino que también pedía mucho compromiso por parte de las estudiantes. Por un lado, por el trabajo de traducción y, por otro, por las numerosas actividades relacionadas con la publicación del libro. ¿Cuál fue su motivación para participar, Carla y Cathi?
Carla: Para mí, la perspectiva feminista del relato definitivamente fue un aspecto que me llamó la atención. Además, me interesaba mucho el tema de la traducción, ya que me críe de manera bilingüe. Me fascina observar lo diferentes que funcionan los idiomas y lo difícil que es expresar a veces incluso mis propias palabras en el otro idioma. Y por eso tenía muchas ganas de combinar esos dos intereses y participar en un proyecto de este tipo.
Catharina: Sabía que los seminarios de Manuela siempre me gustaron mucho y que se trataba de una temática feminista. Y luego vi que se iba a traducir el relato del que me había hablado una amiga que estudia Filología Románica en Leipzig. Entonces pensé que el seminario estaba hecho para mí. Yo misma soy hablante nativa de alemán, pero viví cinco años en Argentina. Por eso el aspecto de la traducción también me parecía muy atractivo.
«Tal vez la idea detrás es que los feminicidios son tan absurdos e incomprensibles que justamente a través de lo absurdo, como lo propone la ciencia ficción, se pueden resolver.»
¿Pueden resumir brevemente de qué trata exactamente el relato traducido y qué tiene de especial la historia? ¿Por qué precisamente este relato?
Carla: Creo que lo que hace que este relato sea tan especial es que trata de feminicidios, pero con una visión del futuro muy esperanzadora. Además, tiene ese marco ciencia ficcional que una no esperaría en una temática como esta. Se podría pensar que este género literario no le hace justicia al tema o que incluso es inapropiado. Pero todo lo contrario es el caso: la escritora lo ha abordado con mucho amor y cariño. Tal vez la idea detrás es que los feminicidios son tan absurdos e incomprensibles que justamente a través de lo absurdo, como lo propone la ciencia ficción, se pueden resolver.
Catharina: Hay dos tramas que se desenvuelven paralelamente. Por un lado, se describe un jardín paradisíaco que habitan mujeres asesinadas en forma de hologramas. Como parte de una iniciativa educativa para la prevención de la violencia, una clase de colegio va de visita e interactúa con los hologramas. Y se producen diálogos realmente conmovedores con los niños, que preguntan con mucha curiosidad: «¿Cómo te llamás? ¿A qué te dedicás?». Y el mensaje de los hologramas es: «Todo esto me define. Pero ahora ya no puedo vivir, solo soy un holograma». Al mismo tiempo, se transmite aquí una perspectiva esperanzadora: si educáramos a los niños de esta manera y los confrontáramos desde un inicio con el tema de los feminicidios, podría haber un futuro sin violencia de género. Ese es el factor onírico que también se encuentra en el título. Paralelamente, se cuenta la historia de por qué se creó este jardín. Cuál fue la motivación para eso y, claro, se trata de una motivación triste, basada precisamente en los feminicidios.
Manuela: Si miramos la literatura que hay sobre feminicidios, lo primero que encontramos son textos especializados que abordan el tema desde lejos: cifras, estadísticas o clasificaciones jurídicas. Por otro lado, está la literatura de ficción, que tiende a revictimizar a las mujeres, como ciertas novelas policíacas o «true crime». En cambio, nuestra historia se centra en la vida de las mujeres. De hecho, el término «feminicidio» no aparece en todo el relato. El enfoque consiste más bien en no narrar solo la violencia que sufrieron, sino poner en el centro a las mujeres asesinadas con sus vidas y sus historias, sus metas y sus sueños. Y esto: no solo hablar de las muertas, sino hablar con las muertas.
A menudo, durante los estudios, uno tiende a trabajar más bien de manera individual. Pero ustedes han traducido en colectivo y han creado un producto conjunto. ¿Cómo lo han vivido? ¿Qué fue especialmente difícil? ¿Qué fue especialmente enriquecedor?
Catharina: Quizás, para empezar, hablemos de la estructura: primero dividimos el texto en siete secciones temáticas, prestando atención al tono, el estilo, los tiempos verbales, etc., para que las partes del texto fueran coherentes entre sí. A continuación, formamos grupos de tres personas que podían elegir una de las secciones para traducir. Primero, cada una tradujo por su cuenta; solo entonces discutimos nuestras propias traducciones en los grupos pequeños y elaboramos una traducción conjunta a partir de todas esas variantes. Me pareció muy interesante, porque muchas veces se piensa que la traducción es simplemente la versión alemana del texto español. Pero, de hecho, cada una traduce de manera muy diferente. Así que tuvimos que encontrar un buen equilibrio en los grupos pequeños. Que se mantenga el estilo de la autora, pero que también suene bien en alemán. Fue un ejercicio de equilibrio, pero también fue entretenido y aprendimos mucho.

Manuela: Lo bonito de trabajar en pequeños grupos es que no hay que decidirse por una de las tres versiones, sino que en cada frase se vuelve a decidir de nuevo cuál es la más adecuada. Y eso es, en mi opinión, lo que determina la calidad de nuestra traducción. Hubo dos aspectos especialmente difíciles: el ego y la confianza. A lo largo del proceso, todas tuvimos que dejar a un lado nuestro propio ego. La traducción por la que nos decidimos no tenía que ser siempre la favorita de todas, pero de la mayoría. Eso significa que eventualmente tengo que aceptar que mi traducción, en la que invertí tres horas de trabajo, no sea la elegida. Lo votamos todo de forma democrática. Creo que, a veces, a algunas les costó un poco desprenderse de «su» versión. Y, a la hora de votar, también había que confiar en que el grupo responsable ya lo había reflexionado con mucho cuidado.
Carla: Traducir en colectivo fue increíblemente enriquecedor y fue súper interesante ver cuántas propuestas diferentes había para una sola frase o palabra. Tuvimos, por ejemplo, 16 propuestas para la traducción del título, aunque este en español solo consiste en cuatro palabras.
Catharina: Quizás el proceso conjunto nos llevó más tiempo, pero a la vez menos tiempo. Porque, al fin y al cabo, traducir de esta manera nos ahorró mucho trabajo. Es cierto que hay que llegar a más acuerdos y debatir más, pero en realidad se hace más rápido.
El libro que se publicó incluye el relato original en español, la traducción al alemán, un prólogo detallado sobre el proceso de creación y una entrevista con la autora. Para dar a conocer el libro, organizaron y moderaron dos lanzamientos. ¿Cómo fue la experiencia para ustedes y cuál fue la reacción del público?
Catharina: El panorama literario latinoamericano de Berlín es increíblemente activo. Eso también se notó en los dos eventos que organizamos acá. Ambos estuvieron muy concurridos. El evento en el Literaturforum im Brecht-Haus fue también nuestra primera moderación en un escenario de verdad, con micrófono y equipo técnico. Allí recibimos reacciones muy positivas. En Viena, el ambiente fue más bien solemne. Pero también ahí se hicieron muchas preguntas y vendimos todos los libros que habíamos llevado.
Carla: Me pareció realmente impresionante ver la repercusión que tuvieron los lanzamientos de nuestro libro en nuestro entorno. Eso hizo darme cuenta de que el proyecto no solo nos abrió los ojos a nosotras que participamos en él, sino también a las personas que logramos conmover con nuestros eventos. Y esto me parece hermoso e importante, porque espero que así el tema de los feminicidios haya ganado, aunque sea un poco más de visibilidad.
Catharina: A mí también me llamó la atención que, en los eventos en Berlín, mucha gente se sorprendió de que en Alemania también se cometan feminicidios. En el evento también mostramos estadísticas de Alemania y Austria, y muchos no eran conscientes de esta problemática.
«Y ahora, dos años después, seguimos viendo los frutos del proyecto y hemos aprendido muchísimo de él, tanto a nivel personal como profesional».
¿Cómo fue su compromiso en comparación con otros seminarios?
Catharina: Sin duda, este fue el seminario al que he dedicado más tiempo y energía en toda mi vida. Pero también porque desde el principio tuve una profunda confianza en el proyecto. Sabía que valdría la pena. Y ahora, dos años después, seguimos viendo los frutos del proyecto y hemos aprendido muchísimo de él, tanto a nivel personal como profesional.
Carla: Mi motivación inicial para este seminario había sido, como ya dije, el tema de la traducción. Y aunque yo ya me consideraba feminista, los feminicidios fueron para mí, de alguna manera, un aspecto nuevo. Mientras más me adentraba en el tema, más pasión – en el sentido de rabia y bronca – desarrollé. Pero también pasión en el sentido de esperanza como la transmite el relato. Me motivaba saber que iba a haber un evento acerca de este tema y que nosotras estábamos contribuyendo a que también en Alemania se hable más de esto.
«Pero en el caso de los feminicidios, no estamos hablando solo de psicópatas totalmente desquiciados, sino de algo que simplemente ocurre una y otra vez en nuestra sociedad. Y eso no es ninguna casualidad».
¿Cómo les ha afectado la participación en el seminario? ¿Cómo ha cambiado su visión, su percepción y su forma de abordar el tema de la violencia sexualizada? ¿Quizás también su forma de actuar?
Manuela: El seminario me sensibilizó tanto que ahora veo las noticias y también lo que ocurre a mi alrededor de otra manera. Por ejemplo, en julio de 2024 salió la noticia que en Nairobi encontraron 42 cuerpos de mujeres descuartizadas en un vertedero. Todas habían sido asesinadas por el mismo hombre. Sin embargo, el caso no se clasificó como violencia de género. Me indignó tanto que le escribí al noticiero «Tagesschau». También hablamos del modelo gradual de la violencia sexualizada y, de repente, empecé a identificar con más claridad esas primeras señales, como las actitudes posesivas de algunos hombres, reaccionando con mayor sensibilidad ante ellas. Además, entre nosotras surgió una fuerte solidaridad. Lloré mucho durante el proceso. Fue un proyecto profundamente conmovedor a nivel emocional.
Carla: Hablando de este tema durante todo un semestre, me di cuenta una vez más de lo estructural que es todo esto. Antes yo me fijaba más en el individuo, como también sucede en las novelas policíacas o en los documentales de «true crime»: siempre tratan del caso concreto y de la psicología del asesino, y falta por completo el componente estructural. Pero en el caso de los feminicidios no estamos hablando solo de psicópatas totalmente desquiciados, sino de algo que ocurre una y otra vez en nuestra sociedad. Y eso no es ninguna casualidad. Es algo que el patriarcado siembra en nosotros desde nuestra infancia. El seminario me lo volvió a recordar. Ahora me doy cuenta de eso cuando leo libros o veo series y películas: Una y otra vez hay pequeñas situaciones que son el fundamento sobre el que se basa toda esa violencia patriarcal. A veces trato de decirme a mí misma en voz alta «esto que acaba de pasar fue sexista» o «acá se está romantizando la violencia», para que no se me inculque en el subconsciente. Porque, lamentablemente, es justo así como funciona la industria de entretenimiento.
Catharina: Lo que me llevo de esta experiencia es que el trabajo académico y el activismo no son contradictorios, sino que se dejan combinar. Y espero poder aplicar esto a toda mi vida profesional. Decidí que, de acá en adelante, quiero asistir realmente solo a seminarios con una orientación feminista. Ahora veo el mundo a través de estos lentes feministas y estoy orgullosa de eso. He trabajado duro para llegar a tener esta perspectiva y ahora puedo abordar temas que ya llevo dentro. Porque, sencillamente, yo también soy una posible víctima de feminicidio. No tengo que investigar algo de lo que no tengo ni idea, sino que siempre puedo empezar por mí misma.

«Lo que me llevo de esta experiencia es que el trabajo académico y el activismo no son contradictorios, sino que se dejan combinar».
Manuela, ¿qué conclusiones sacas del seminario en cuanto al formato y la didáctica? ¿Hay alguna experiencia del trabajo conjunto de traducción que haya marcado tu futura docencia? ¿Hay algún consejo que te gustaría dar a otres docentes?
Manuela: Durante el seminario aprendí que, como docente, no siempre tengo que ser la experta ni tener respuestas para todo. También descubrí que involucrar más a les estudiantes en la toma de decisiones, motiva mucho. Hubo muchos procesos democráticos y al principio ni siquiera sabíamos cómo llevar a cabo el proceso de traducción. Mi impresión fue que, cuando me acerco al grupo con buenas propuestas, recibo mucho a cambio y el seminario puede adaptarse a sus necesidades. Otra experiencia importante fue el «check-in» que realmente ayudo a generar confianza. Además, aprendí que una comunicación clara y transparente es fundamental: ¿qué se espera exactamente de les participantes? y ¿qué obtienen a cambio? También me resultó muy útil conocer bien al les estudiantes desde el principio, ya que son elles quienes aportan experiencias, talentos o contactos valiosos para el desarrollo del seminario.
«Durante el seminario aprendí que, como docente, no siempre tengo que ser la experta ni tener respuestas para todo. También descubrí que involucrar más a les estudiantes en la toma de decisiones, motiva mucho».
¿Cómo va a continuar ahora el proyecto? ¿Qué van a hacer con el dinero del premio?
Manuela: Tenemos previsto destinar los fondos a la organización de un congreso de dos días en la FU, probablemente a finales de este año o a principios del próximo. Nos gustaría que la mesa redonda de clausura se celebrara fuera de la universidad para acercar el tema también al público general. Queremos reflexionar sobre cómo se romantiza la violencia contra las mujeres en formatos actuales y populares de la cultura pop, que influyen tanto en nuestra vida cotidiana y en nuestros procesos de socialización. ¿Qué se justifica «en nombre del amor»? ¿Y cuánta violencia se oculta detrás de una fachada romántica? Queremos analizar diferentes medios: de la literatura hasta la música pasando por el cine y la televisión.
Carla: La investigación académica ya incorpora y trata teorías feministas. Sin embargo, al analizar textos se sigue centrando mayormente en obras canónicas. Pero las narrativas misóginas se encuentran también en los medios de entretenimiento, que consumimos muchas veces a ciegas. Por eso nos pareció que nuestro congreso podría ser una buena oportunidad para hablar sobre cultura popular y deconstruirla.